Concurre la Dra. Miriam Escudero al espacio “La música y sus protagonistas”

draescuderoLa Dra. Miriam Escudero participará en el espacio “La música y sus protagonistas” que conduce el periodista Pedro de la Hoz. Este encuentro sesionará el próximo 9 de abril a las 3:00 pm en la sede provisional del Museo Nacional de la Música, sito en Obrapía No. 509 e/ Bernaza y Villegas, La Habana Vieja. En esta ocasión, los participantes podrán conocer de primera mano los últimos resultados de investigaciones concernientes a la música sacra del siglo XVIII.

La maravilla de un patrimonio dormido: programas de mano del Fondo de Música de la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí

Por Bertha A. Fernández Díaz
Publicado en Librínsula No. 335, Noviembre/2014

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Es difícil escribir sobre tesoros en una institución llena de ellos. Quizás no raros, pero sí valiosos. Como es el caso de los programas de mano o de conciertos del Fondo de Música, que descubren, al que tiene la oportunidad de apreciarlos, muchas historias aún por contar. No se trata del simple dato que recoge el material efímero ―como es conocido también―, sino de hechos artísticos que ocurrieron en un tiempo ya pasado: resulta interesante conocer sobre los músicos, la música, los espacios donde se ejecutaron esas obras.

Ejemplos de ello son la creación de la Sociedad Filarmónica en 1910, la fundación de la primera Orquesta Sinfónica de La Habana, un concierto en la Glorieta del Malecón, el recital de Hubert de Blanck en el Conservatorio Nacional, la primera vez que se presentó en La Habana el guitarrista español Andrés Segovia o las notas al programa firmadas por el músico Joaquín Nin Castellanos o por el compositor Amadeo Roldán, o esos programas de la Filarmónica de La Habana editados por el caricaturista Conrado Massaguer.

Es mucha y variada la información que atesoran estos materiales. Ellos son testigos de un patrimonio intangible e inmaterial, un arte que cuenta con documentación propiamente musical: partituras y grabaciones sonoras… pero que no desdeña lo que aporta un programa.

Sus antecedentes se remontan al siglo XVI, con el pregón y los volantes, los precursores de esta práctica tan usual en la actualidad. Existieron vinculados a las funciones de teatro y los conciertos. Uno de los comediantes de estos teatros callejeros pregonaba qué sucedería en el corral (escenario popular). A finales de ese siglo, en España, comenzaron a repartirse hojas volantes con la intención de despertar la curiosidad y asegurar la asistencia a la función.

Fueron los volantes, que en un principio eran carteles de tamaño regular y manuscritos, los que empezaron poco tiempo después a llamarse «programas». Con el desarrollo que había alcanzado la imprenta en el siglo XIX se generalizó su uso.(1) En Cuba se tiene noticias de ellos a partir de ese mismo siglo.

La Biblioteca Nacional de Cuba José Martí, fundada en 1901, es la institución encargada de atesorar, conservar y difundir el patrimonio bibliográfico y documental de la nación, del cual forman parte los programas de mano.

Desde la entrada de los primeros documentos existió el cuidado por custodiarlos, con pocos recursos y casi ningún apoyo oficial. Hoy, cuando se mira al pasado, se reconoce el empeño de los pioneros en la formación de esa primigenia Biblioteca Nacional.

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No se puede decir con certeza cómo se adquirieron los más antiguos, ni se encontraron documentos que hicieran referencia a ellos. Se presume, al observar varios de los programas de las primeras décadas del siglo XX, que estos formaron parte del fondo o archivo personal de compositores e intérpretes, como es el caso del maestro Guillermo M. Tomas y la pianista Flora Mora, entre otros, ya que existe documentación musical vinculada a estas personalidades.

Se conoció, por el testimonio de investigadores de la biblioteca y de especialistas que laboraron en la sala de música, de qué forma obtuvo esta su custodia y quiénes depositaron esos documentos. Así, lo que hasta ese momento fueron simples programas de concierto guardados por un interés cultural, a partir de su entrada adquirieron una nueva función: fuentes documentales de significativo valor para el patrimonio musical cubano.

A partir de 1959, los programas de mano entraron por donación de particulares o formando parte de los fondos de instituciones que dejaron de existir, como la del Lyceum.(2) También como vía de adquisición es importante señalar la Biblioteca Recuperada,(3) creada a partir de los bienes pertenecientes a familias que abandonaron el país al triunfo de la revolución. Ya para los años 70 del pasado siglo se estableció su entrada por la Ley de Depósito Legal,(4) quedando más tarde registrados en la Bibliografía Nacional(5) hasta el año 1989. Después de esta fecha, su recepción se hizo cada vez más esporádica debido a la crisis económica que repercutió en la vida cultural de la nación.

Otra vía a destacar es el interés personal de trabajadores que asisten a conciertos, recitales, obras de teatro, entre otras, y traen estos programas para la biblioteca al estar sensibilizados con su importancia como fuentes documentales de valor histórico y su valor para el patrimonio musical.

Los programas de mano del Fondo de Música de la BNCJM se integraron en una colección a partir del año 2010. Cuando se piensa en lo que se hizo o se dejó de hacer con estos materiales a lo largo de los más de cien años transcurridos, se agradece a los anteriores colegas la preocupación por guardarlos, a pesar de que permanecían dispersos y olvidados en el fondo.

La colección de programas es artificial, abierta, y se inicia a finales del siglo XIX y llega hasta nuestros días. Consta aproximadamente con seis mil programas de mano o de concierto, como también se les llama, que incluye programas de festivales y de otros eventos musicales, entre ellos numerosos son extranjeros. Su formato puede variar desde una hoja en forma de volante, un plegable, hasta un folleto.

Varios programas exhiben marbetes con números consecutivos en tinta ferro gálica, lo que avala su antigüedad, otros aparecen mecanografiados. Se encontraron algunos cuños gomígrafos con diversas inscripciones de bibliotecas particulares, otros pertenecientes a sociedades, e incluso cuños que señalan la donación de esa obra (programa) a la biblioteca.

Los programas del siglo XIX, aunque son numéricamente escasos, evidencian la música que se interpretaba en esos momentos. El estreno de la ópera Zilia en el teatro Payret en 1881, y el recital de piano tocado por Hubert de Blanck en el conservatorio homónimo en 1899, son eventos musicales recogidos en ellos.

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Otros dos del siglo XIX hacen referencia a la labor de los músicos cubanos en la ciudad de New York, quienes, a través de actividades musicales, ayudaron a recaudar fondos para la guerra de independencia de 1895. Estos programas demuestran el acontecer musical vinculado a la cultura cubana y a la historia patria.

Las veladas fueron auspiciadas por el club Los Independientes, formado por patriotas cubanos emigrados, y del cual José Martí era miembro de honor. Uno de ellos recoge la función en el Hardman Hall, donde nuestro apóstol pronunció un discurso. Por la parte musical, es de significar la actuación de la soprano Ana Aguado de Tomas, los pianistas Rafael Navarro y Miguel Castellanos, y el violinista Pastor Peñalver, quienes interpretaron las obras del compositor cubano Laureano Fuentes bajo la dirección de Guillermo M. Toma(6)

El periódico El Porvenir, publicación editada en la ciudad de New York, reseña la actividad celebrada el 16 de junio de 1890. El otro programa, fechado el 10 de diciembre de 1895, fue organizado por Ana Aguado de Tomas y dirigido por su esposo Guillermo M. Tomás.

En la última década del siglo XIX y principios del XX las salas de concierto, teatros y salones de baile fueron ejemplos de una activa vida musical. Surgen los conservatorios para la enseñanza de la música, la banda municipal ―con sus conciertos con fines didácticos ejecutados por su director y fundador―, la Orquesta Sinfónica de La Habana, así como la distinción de músicos como Hubert de Blanck, Guillermo M. Tomás, Flora Mora, entre otros. Todo lo cual se refleja en los programas de esos años.
Los diferentes géneros que se ponían en cartelera: operas, zarzuelas, música de concierto, en diferentes espacios de la ciudad, eran obras europeas interpretadas por compañías españolas, francesas e italianas, y en menor medida las obras de compositores nacionales, lo que refiere que la música ocupaba un lugar destacado en la sociedad cubana de principios de siglo.

A inicios del siglo XX los programas fueron evolucionando con el desarrollo del arte de la impresión, algunos ejemplares son joyas del arte gráfico. Se incluían fotografías no solo de los artistas, sino también de los patrocinadores. Aparecían repertorios, elencos, repartos, condiciones de abono, pequeñas biografías y notas; además, anuncios no solo de instrumentos musicales, sino de bienes y servicios con un fin comercial que sufragaba el costo de una parte de los programas. En algunas oportunidades se imprimían programas de lujo por la visita de compañías extranjeras y de artistas famosos.

instrumentosEn los primeros años de este siglo, aparece en los programas una variada información en torno a los precios de las localidades en los teatros y otros espacios; a la publicidad relacionada con restaurantes, joyerías, tiendas, hoteles, etc. También algunos de ellos estaban dedicados a personalidades políticas o artísticas. Sus diseños, unido con la tipografía, las ilustraciones y el material utilizado como soporte, evidencian un contexto histórico y cultural muy particular.

Otra de las características que se observa, y que puede ser significativa para estudios posteriores desde otras ramas del conocimiento, es que la tipografía, el diseño y la información tan variada y valiosa que presentan los programas de las primeras seis décadas del siglo XX cambia a partir de los años setenta para empobrecerse y uniformarse; situación que en los últimos años, gracias a las nuevas tecnologías, ha ido modificándose, pues se abren nuevas posibilidades en cuanto al diseño, el uso de los colores y la calidad del material utilizado, asimismo reaparecen las notas al programa.

Se debe acentuar que las notas al programa contienen información sobre la obra, el compositor y los intérpretes, de una manera precisa y exhaustiva, como fuente de conocimiento para el espectador a fin de adentrarlo en el tema. A diferencia de las críticas musicales, no incluyen opiniones personales del autor, y pueden ser redactadas por un músico, compositor, musicólogo y, en algunos lugares del mundo, por los bibliotecarios de orquesta.

Los programas de las décadas del veinte, treinta y cuarenta presentan notas firmadas por compositores distinguidos dentro de la historia musical cubana, no solo por su obra, sino también por la labor de promoción que llevaron a cabo. Algunos de ellos son: Guillermo M. Tomás, Amadeo Roldán, Pedro Sanjuán, José Ardevol, Joaquín Nin Castellanos, por solo citar algunos. Todos fueron promotores de la música de concierto europea y, en muchos casos, de la primera audición en Cuba de esas obras, como aparece reflejado en los programas. Las piezas de los compositores cubanos del siglo XIX y de principios del XX también eran tocadas en los conciertos y, de igual modo, la música popular encontró espacios para su difusión. Programas de la Orquesta Filarmónica de La Habana de estos años fueron editados por figuras de la cultura cubana, como Conrado W. Massaguer y Orlando Martínez.

Los programas del siglo XX son exponentes principalmente de la música sinfónica, aunque también aparecen otras formas musicales: de cámara, para piano, coral y, en menor proporción, óperas y zarzuelas. Son historias, testimonios y conciertos realizados por intérpretes y directores cubanos, así como de otros países en escenarios habaneros.

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Con los programas más antiguos, de 1881 a 1915, se confeccionó un catálogo que incluye índice onomástico de lugares y obras. Este repertorio, motivado por el Diplomado Musical Hispano en su tercera edición (2013), pudiera iniciar o servir de antecedente a un proyecto de catálogo con los programas de los primeros sesenta años del siglo XX. Una parte de ellos últimos son ejemplares únicos, de significativo valor para el patrimonio musical cubano, cuyo contenido permitiría acercar al usuario a unas fuentes documentales dormidas por mucho tiempo, pero que pueden ayudar y renovar, incluso, el punto de vista del mosaico musical de nuestro país.

A través de los programas de mano se muestra un panorama de la vida cultural, de interés no solo para musicólogos, músicos y compositores, sino también para investigadores. La musicología tipifica a los programas de concierto como documentos relativos a la difusión musical, junto a los carteles y las notas de prensa. Son un material de consulta en investigaciones de corte sociológico, histórico, de repertorio y biográfico, pudiendo ser fuente primaria o secundaria de acuerdo a la investigación. Son testimonios, evidencias del momento en que se interpretó una obra musical, pero también de una época, un reflejo de la sociedad.

Los programas aportan, junto a otras fuentes, un rico universo de información complementaria para las investigaciones, permitiendo realizar comprobaciones a través cotejos. Como el programa solo se entrega en las manos del público poco antes de comenzar la función (concierto, recital, opera, etc.), sirve como documento confirmatorio de los anuncios que salían publicados en carteles, notas de prensa, etc., en ocasiones con mucha antelación.

Esta característica de los programas los diferencia de los materiales bibliográficos, de ahí que su tratamiento debe ser diferente. La valiosa información que poseen no aparece en otras fuentes documentales, y así lo expresan los investigadores, quienes coinciden con los bibliotecarios en la importancia de tenerlos ordenados cronológicamente; pero también de describirlos, para acceder a ellos con mayor rapidez y contribuir a su divulgación y recuperación de una manera más eficaz.

En resumen, es importante el trabajo con este patrimonio material de la música cubana, su condición de efímeros implica una atención que no debe demorar. Lo que otros crearon con pasión debe ser preservado con una actitud de respeto y sensibilidad, para que siga maravillando a los que vengan después a crear, desde estos documentos, nuevos conocimientos.

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Bibliografía consultada y notas
(1) Ramos, Roxana; Villalobos, Guadalupe: «Los programas de mano. Fuente documental de gran significación para el estudio de la formación dancística mexicana», Revista Iberoamericana de Educación Superior (RIES), México, UNAM-ILSUE/ Universia, vol.III, núm. 7, http://ries.universia.net/index.php/ries/article/view/195/html_22 (Fecha de consulta: 5 de febrero 2013).

(2) El Lyceum LawnTennis Club fue una organización femenina que nucleó a la alta sociedad, donde se presentaron, en actividades culturales, músicos, pintores, escritores y artistas en general, de los más reconocidos por la élite habanera.

(3) Fondo de documentos recuperados, fundamentalmente fuentes bibliográficas, que fueron abandonados por sus propietarios.

(4) Entrega obligatoria y gratuita de un número de ejemplares del material bibliográfico y especial impreso en el país.

(5) Se compila anualmente. En ella se recoge toda la documentación bibliográfica y documental del país.

(6) López Mesa, Enrique: Algunos aspectos culturales de la comunidad cubana de New York durante el siglo XIX, Centro de Estudios Martianos, La Habana, 2002.

Taller de Interpretación del Repertorio para Clavecín

McIntosh-Kathleen-05Como parte de las acciones docentes del Diplomado en Patrimonio Musical Organístico, los alumnos matriculados en esta edición podrán participar del Taller de Interpretación del Repertorio para Clavecín que impartirá la maestra Kathleen McIntosh del 11 al 15 de abril en el Aula Magna del Centro Cultural P. Félix Varela.

Este primer taller, como un inicial acercamiento, pretende abordar someramente las cuestiones relacionadas con el estudio del clave, así como capacitar a pianistas que puedan realizar profesionalmente el bajo continuo al clavecín y promover el repertorio de este instrumento en actividades litúrgicas y culturales. La cita dará inicio y culminará con sendos conciertos, oportunidad propicia para conocer ejemplos del repertorio para el clavecín desde las sonoridades que le son propias.

La tarde del 11 de abril la maestra Kathleen McIntosch nos regalará un concierto con músicos invitados donde se darán a conocer las posibilidades del clavecín en su calidad de continuo, instrumento de cámara e instrumento solista. El concierto que pondrá fin al taller estará a cargo de los estudiantes que participen en el mismo dándose a conocer el aprovechamiento académico de los alumnos.

Taller de interpretación del repertorio para clavecín
Fecha de las clases: 11 al 15 de abril
Horario grupo A: 10:00am – 12:00m
Horario grupo B: 2:00pm – 4:00pm
Lugar: Aula Magna del Centro Cultural P. Félix Varela
Requisitos: ser graduado de nivel medio en música en el perfil piano.